miércoles, 21 de septiembre de 2011

Varadero

Toooma playa de Varadero. Es espectacular. Metros y metros de arena blanca y fina. El problema es que el sol pega de lleno desde primera hora de la mañana y hay que buscar una sombrilla urgentemente porque te achicharras.


El hotel vuelve a ser supercutre a la hora de comer, dicen que ya no hay más comida, que se ha acabado pero en cuanto les aprietas las clavijas ¡voilá! aparece más comida. No nos queda más remedio que quejarnos al Servicio de Atención al Cliente. Se llama Arenas Doradas e incluso algún cubano de por aquí ya me ha comentado que no es muy bueno. Para bajar el mosqueo, un cafelito: la verdad es que es lo mejor que tiene este hotel... Está riquísimo aunque para pedirlo te tienes que tirar diez minutos. Ahora, una reparadora siesta y por la tarde a la piscina. Tiene un bar en medio pero es una asquerosa mierda. Los cocktails son prefabricados y están bien malos, no hay Bucanero y sólo sirve para que los rusos se mamen... Porque eso sí, otra cosa no habrá pero rusos... Está petadito.
Los jardines del hotel son también flipantes: como es lógico, está lleno de bichos; unos lagartos no muy grandes pero con la cola enrollada como un muelle, unos colibríes... Luego, si te vas fijando en las instalaciones te vas dando cuenta de la cutredad: algunas puertas están rotas, el aire acondicionado hace un ruido endiablado, el minibar chirría y hay que apagarlo... Lo que en España es una pensión, aquí tiene cuatro estrellas.
Hemos reservado para cenar: una noche en el restaurante internacional y otra en el italiano ¡muy cubano, sí señor! Nada del otro mundo: faltan la mitad de los platos y la comida es muy normalita pero por lo menos está mejor servido que el bufet libre.


Mientras ando por aquí, aprovecho para ir a bucear: se llaman Barracuda y se pasan el sábado a cogerme. Como es lógico, yendo a Playa El Coral... oootro pinchazo... Y la verdad es que no hemos volcado de milagro: el autobús se movía como un cascarón de huevo pero pudimos parar a tiempo. Y nada, lo de siempre: cambiar la rueda con un palo oxidado, una barra doblada y una llave inglesa también oxidada. La rueda de repuesto, claro, lisa como una mesa, por supuesto. y como en España, uno currando y diez mirando: el monitor, ocho guiris y yo.
Al final en Playa Coral: enorme, muy bonita pero llena de rocas así que hay pocos bañistas. Ideal para bucear. En la orilla hay unos pocos metros cuadrados de arena que es por donde nos metemos. Como es normal, un cubano pidiendo un peso: ¡chico, no descansan! La inmersión es sencilla: no superamos los diez metros y salimos con la botella medio llena. Cambiamos botellas y al agua otra vez. Estamos en la segunda barrera coralina más grande del mundo. Como era de esperar, los peces son de todos los colores y formas: agujas, peces león, peces papagayo... Corales inmensos como el "cerebro" y típicas gorgonias. Pero de profundizar, nada de nada. Setenta CUC y para casa. Es un poco decepcionante porque salimos con la mitad de aire y da la sensación de que hemos desaprovechado la inmersión. en fin, me voy a buscar a la rubia al hotel a darnos un bañito en la piscina.

Y esto se acaba

Y para celebrarlo, los guiris nos obsequian con un pedo de espanto que se pillan dos de ellos: se tragan cinco crevezas de golpe y entre ellas meten la cabeza en el agua. Claro: uno potando y medio muerto tirado en una tumbona con medio staff del hote pendiente de él y el otro a rastras por la mujer hacia la habitación. Un espectáculo.
El vuelo sale a las dos de la mañana así que el hotel nos deja una habitación de cortesía para cambiarnos. Como era de esperar, la llave no funciona, la cambiamos tres veces y al final nos tiene que abrir la chica d ela limpieza. Hasta el final, aquí no funciona nada.
Para ir al aeropuerto, nos recoje un taxi: como no había extranjeros en toda la isla, pues hemos tenido esa suerte. Recorre Matanzas y su bahía enorme porque de camino hemos recogido a un colega que vive por allí. Dos horas más tarde, estamos en el aeropuerto.
Y ocho horas después, por fín en casita...

Conclusiones cubanas

Como hemos dicho, Cuba es espectacular. Recomendamos una visita a la isla porque no decepcionará: el "problema" son los cubanos, que son como son... Y como siempre, unos breves apuntes para vuestro viaje:
  • Tráfico: muchos coches no hay, la verdad... Y los que hay son del año de la tos, así que cuidadito con ellos porque hasta se le van cayendo piezas. En La Habana encontrarás los típicos coches tipo gangster años treinta bastante curiosos pero claro, gastan un huevo, contaminan más y funcionan fatal. En el resto de la isla, pocas cositas... Eso sí, como en otros sitios la conducción es al libre albedrío: ahora voy por aquí, ahora por allá... En un camión pueden entrar todos los que sean, es decir, pagando al conductor te montas y te lleva un trecho de tu camino.En un taxi es igual: entras, pagas y va llevando a todos los clientes... Las rayas de la carretera no existen y hay baches tan grandes que cabría una moto dentro. Y por supuesto, carreteras nacionales no hay: bueno, sólo una; la que une La Habana con Santa Clara... Lo demás, para llorar de miedo.








  • Comida: como dije, si te gusta el arroz triunfas. Es la base de la alimentación. También se come mucha habichuela (judías verdes), carne de cerdo, carne de vaca y patata. Como ellos dicen, son amantes del colesterol. De verduras, muchas: todas las que tienen... Aguacates, pimientos, cebollas, ajos... Pero nada de pescado. Su flota pesquera es mínima así quu los que pueden pescar con la caña y nada más. Los platos típicos son los "moros y cristianos" y el "congrí" que son un plato de arroz con alubias, básicamente. De fruta, toronja o naranja y mucha guayaba. Como curiosidad, el arroz a la cubana se llama aquí "comida de putas" porque estas mujeres trabajaban mucho y tenía poco tiempo para comer lo más rápido, arroz con dos huevos y tomate. El plátano lo metimos los europeos.




  • Hoteles: muuucho dinero te tienes que gastar para no ir a un cutrehotel y aún así, no serán ni la mitad que uno europeo... Dan bastante pena y dejan mucho que desear pero si lo que quieres es dormir solamente, a lo mejor te sirven. Cierto es que los nuestros eran bastante cutres pero, por ejemplo, en Varadero hay hoteles de auténtico lujo que merecen la pena (aunque eso hay que pagarlo). En La Habana son todos por el estilo pero me imagino que el Meliá Cohiba y el Hotel Nacional serán un poquito mejor y no se caerán a trozos. En el resto de la isla, una full de hoteles porque se supone que nosotros íbamos a los mejores de cada sitio...